Oxana Malaya ,la niña salvaje

1 dic

Oxana Malaya (Оксана Малая) (nacida en noviembre de 1983) es un caso de niña salvaje hallada a los 8 años de edad en Ucrania en 1991, habiendo vivido la mayor parte de su vida en compañía de perros. Adquirió gran número de hábitos caninos y tuvo dificultades para manejar el lenguaje. Desde que se la encontró vive en la clínica Baraboy para discapacitados de Odessa.

Los padres de Oxana, alcohólicos, eran incapaces de cuidarla. Habitaban en una zona empobrecida por la que campaban perros salvajes. Vivió en una caseta de perro tras su casa, donde fue cuidada por estos animales, de los que aprendió su comportamiento y maneras. Gruñía, ladraba o se encuclillaba como un perro salvaje, olisqueaba la comida antes de ingerirla y se descubrió que tenía agudizados los sentidos del oído, el olfato y la vista.

Cuando la encontraron, a Oxana le fue difícil adquirir habilidades humanas y emocionales normales. No había tenido ninguna estimulación intelectual ni social, y su único apoyo emocional había provenido de los perros con los que vivía. Al no haber estado expuesta al lenguaje en contexto social, se le hizo muy difícil mejorar su habilidad verbal.

A día de hoy, Oxana puede hablar y gran parte de sus problemas de comportamiento se han remediado. Aún está por verse si podrá formar relaciones estables y sentirse parte de una comunidad humana.

En un documental producido por el Canal 4 británico, sus doctores manifestaban que es difícil que llegue a rehabilitarse adecuadamente a una sociedad ‘normal’. Sus médicos dicen que tiene la mentalidad de un niño de 6 años. Recientemente se encontró con su padre, que la había dejado en la caseta de perro de pequeña. Fue interesante ver que Oxana buscaba su afecto.

En 2006, a la edad de 23, Oxana residía en un hogar para discapacitados mentales, donde ayuda a cuidar las vacas en la granja de la clínica.

Los expertos coinciden en que a menos que un niño aprenda hablar antes de los cinco años, el cerebro pierde la capacidad de adquirir un lenguaje, una característica que define a los seres humanos.
Con el paso de los años, Oxana, que ya es una joven de 26 años, ha aprendido a hablar y a comportarse como una persona. Estos importantes avances no son habituales en los casos de los niños salvajes.
No obstante, aún conserva ciertos rasgos de conducta canina, profundamente arraigados en su psiquis. Cuando se encuentra muy estresada, vuelve a su pasado. Duerme acurrucada como un perro y, cuando está sola, le gusta corretear con los perros “a cuatro patas”.

En una entrevista para NATGEO declaro que en sus momentos libres le gustaba “correr, jugar, saltar por alli ahullando y ladrando” también que “era su naturaleza”, NATGEO mediante estudios da a conocer que el cerebro del niño es muy influenciable hasta los 7 años y es imposible revertir estos efectos

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